¿Qué espumógeno llevas en el tanque de tu autobomba?

Un alumno aventajado en clase...

Hace unos años, en el contexto de un curso de formación para bomberos de nuevo ingreso, estaba en el aula del parque de Elche hablando con los compañeros sobre hidráulica. Durante unos días íbamos a ver espumas, dosificadores automáticos, proporcionadores de línea, etc. ya sabéis, a hacer instalaciones y a tirar espuma de las cuatro o cinco formas en la que solemos hacerlo los bomberos.
En un momento dado me pongo a hablar sobre la problemática que yo veía sobre la disponibilidad de espumógeno de tipo AR y el problema que podía surgir al tener que enfrentar un incendio de un camión cargado de acetona, o alcohol, con una o dos garrafas escasas con las que contamos en el vehículo, y a lo sumo, un par más o tres de reserva que tenemos en el parque; y que llegarán cuando lleguen, si es que alguien las trae a tiempo.

Llevaba tiempo pensando en que nuestros vehículos disponen de entre 200 l y 500 l de espumógeno tipo A, que podemos usar con un dosificador automático, pero que no sirve de nada en determinados incendios, como los que acabo de describir.
Para aquellos que no sepan de lo que estoy hablando he de decir que los líquidos polares, como el alcohol o la acetona, no se pueden apagar con las espumas convencionales, ni con agua, siguen ardiendo igualmente. Es necesario utilizar un producto más específico, como las espumas tipo AR, que crean una capa polimérica que evita que estos productos destruyan las burbujas de espuma, permitiendo la sofocación del incendio.

Acto y seguido planteé la siguiente pregunta: 

Imaginad que en lugar de llevar espumógeno tipo A en el tanque, llevásemos un espumógeno que:

1. Fuese biodegradable  

2. Fuese capaz de humectar y sofocar fuegos de tipo A

3. Que, a su vez, fuese capaz de sofocar fuegos de líquidos combustibles polares y no polares 

4. Que se pudiera utilizar con un dosificador automático 

5. Y que las condiciones de conservación permitieran su almacenamiento en el tanque del vehículo

Seguí diciendo… pienso que habría que hablar con los fabricantes y buscar o pedir un producto compatible con estos requisitos, porque si pudiéramos llevar un sólo espumógeno quizá ganaríamos en tiempo, certidumbre de saber que siempre vamos a ser eficaces en la extinción y no habría problemas de disponibilidad, ya que estaría directamente en el tanque de nuestra autobomba. Aunque tuviéramos que renunciar a la perfección de los productos más específicos. 

Y por último, se me ocurrió decir: pero quizá exista y no sea rentable comprarlo y por esa razón se está comprando tipo A para los tanques y algunas garrafas de AFFF y AFFF AR.

De repente una voz se escucha del fondo de la sala: ¡el espumógeno lo estoy comprando yo, y el precio no se ha tenido en cuenta, se está comprando así por estadística, porque la mayoría de los usos es tipo A, pero si queréis que se haga de otra manera a mí me parece bien!

Era D. Juan Miguel Suay Belenguer, el técnico del operativo que muchos conoceréis, ingeniero industrial, físico y autor de muchos de los libros que han acompañado a tantos y tantos bomberos en las oposiciones y que tanto nos han aportado.

Yo había salido un momento al WC y parece ser que se incorporó a la clase sin yo tener ni idea. Estaba allí escuchándome sin decirme nada, «hasta que le toqué la fibra».

Aquello produjo, primero un silencio sepulcral en la sala, pero poco a poco entramos en un debate en la clase; y Suay (como le llamábamos aquí), Lucio García de Dionisio (el bombero más profesional, sabio y buena gente que he conocido, sinceramente, con todos mis respetos al resto) y un servidor, quedamos en seguirle la pista a esto y tratar de encontrar la forma de probarlo e implementarlo.

Poco tiempo después comenzó la pandemia de Covid-19 y todo se complicó, pero lo más trágico es que perdimos a este gran ingeniero, físico, divulgador y matemático con alma de bombero que, orgullosamente, teníamos de compañero aquí en Alicante.

Y ahí se acabó todo esto.

Como anécdota os contaré que estando Suay y yo en la grada de un tribunal, en calidad de testigos en un juicio de un accidente de tráfico, mientras esperábamos para salir a testificar, D. Juan Miguel Suay se dedicaba a resolver ecuaciones diferenciales que se había llevado en un cuaderno. Eso para que sepáis un poco mejor quién era…

Cambio de escenario legislativo

En Europa, la excepción que permitía continuar utilizando determinadas espumas de Clase B ya instaladas en sistemas y que contuvieran PFOA, sus sales o compuestos relacionados finalizó el 3 de diciembre de 2025. La normativa admite determinados niveles mínimos como contaminación no intencionada, pero el uso deliberado de estos productos ha quedado atrás.

Y el proceso continúa; el Reglamento (UE) 2025/1988 ha establecido una restricción mucho más amplia para los PFAS en las espumas contra incendios. Con carácter general, la restricción de uso comienza el 23 de octubre de 2026, aunque contempla diferentes periodos transitorios; para los servicios públicos de bomberos existe una excepción temporal hasta el 23 de abril de 2027, con determinadas particularidades.

Es decir, no estamos simplemente ante el cambio de un espumógeno por otro.

Estamos ante una buena oportunidad para replantearnos qué producto queremos llevar en nuestras autobombas.

Del dicho al hecho

¿Y si llevásemos un único espumógeno?

Actualmente existen espumógenos sin flúor desarrollados para cubrir un abanico de riesgos mucho más amplio que el de productos tradicionales muy especializados.

Hay productos capaces de proporcionar prestaciones sobre Clase A, sobre hidrocarburos y también sobre líquidos polares.

Eso abre una posibilidad interesante para los servicios de bomberos:

No estoy planteando que cualquier producto que se anuncie como multipropósito sirva para hacerlo. Estoy proponiendo estudiar si alguno de los productos existentes puede cubrir adecuadamente nuestras necesidades operativas y, si es así, valorar las ventajas de simplificar nuestro sistema.

Porque disponer de un único producto podría permitirnos pasar de una autobomba que lleva mucha cantidad de espumógeno para unos riesgos y unas pocas garrafas para otros a una autobomba cuya reserva completa de espumógeno sea utilizable frente a un abanico mucho mayor de servicios.

Esto, por supuesto, implica variar su concentración, lo que es perfectamente asumible con los sistemas de dosificación automáticos de los que disponemos, e incluso con proporcionadores de línea, si hacemos uso de distintos chiclés. 

Preguntas a resolver

1. ¿Humecta realmente bien?

Si queremos sustituir el producto que utilizamos habitualmente sobre Clase A, necesitamos comprobar su comportamiento como agente humectanteNo basta con que sea capaz de producir espuma.

Nos interesa saber a qué concentración consigue una reducción adecuada de la tensión superficial, cómo penetra sobre combustibles sólidos y qué resultados ofrece cuando lo utilizamos precisamente buscando mejorar la capacidad extintora del agua.

2. ¿Qué prestaciones tiene sobre hidrocarburos?

3. ¿Y sobre líquidos polares?

4. ¿Se puede almacenar en el tanque? 

5. ¿Es apto para dosificador automático?

Por eso, creo que habría que preguntar expresamente al fabricante del espumógeno y, cuando proceda, al fabricante del sistema de dosificación— cuestiones como estas:

  • ¿Es compatible con nuestro dosificador automático en todo su rango de caudales y porcentajes?
  • ¿Mantiene una dosificación suficientemente precisa a las temperaturas de trabajo previstas?
  • ¿Cuál es su viscosidad y cómo varía con la temperatura?
  • ¿Puede permanecer almacenado durante largos periodos en el tanque del vehículo?
  • ¿Tolera adecuadamente los ciclos de temperatura y las condiciones ambientales propias de una autobomba?
  • ¿Puede absorber humedad o sufrir alteraciones durante el almacenamiento?
  • ¿Existe riesgo de precipitación, sedimentación, gelificación o separación de fases?
  • ¿Es compatible con los materiales del tanque, tuberías, juntas, bombas y componentes del sistema?
  • ¿Necesita agitación, recirculación o algún procedimiento especial de mantenimiento?
  • ¿Qué vida útil garantiza el fabricante cuando el producto permanece almacenado en el propio vehículo?
  • ¿Qué comportamiento ofrece con nuestras lanzas y dispositivos de generación de espuma?

Esto último tampoco es un detalle menor. Las prestaciones de los nuevos espumógenos sin flúor pueden depender de la calidad de espuma obtenida y del dispositivo utilizado para aplicarla, por lo que es recomendable comprobar el comportamiento con nuestro equipamiento real, y no únicamente basarnos en el ensayo realizado por el fabricante con otro sistema.

¿Qué ganaríamos?

Si encontramos un producto que supere todas estas comprobaciones, las ventajas operativas pueden ser importantes.

– Tendríamos un único espumógeno en el vehículo.

– Simplificaríamos la logística, el almacenamiento y la reposición.

– Reduciríamos la posibilidad de seleccionar un producto inadecuado durante una intervención.

– Simplificaríamos también la formación: un producto, diferentes aplicaciones y las correspondientes dosificaciones.

Pero, sobre todo, podríamos aumentar enormemente nuestra capacidad frente a determinados riesgos poco frecuentes pero potencialmente importantes.

Multidisciplinares vs multipropósito

Los bomberos somos multidisciplinares, actuamos en un campo bastante amplio de servicios. Yo entiendo que haya empresas que trabajan con uno, dos o tres productos químicos y que en sus sistemas contraincendios tengan agentes espumógenos específicos, pero nosotros no. Los bomberos podemos pasar de un incendio de hidrocarburos a uno de combustibles polares sin volver al parque, hidramos nuestro vehículo y nos dirigimos al siguiente incendio. No trabajamos con productos específicos ni tampoco tenemos la posibilidad de prever ni dónde ni cuándo se presentará la necesidad de utilizar el agente extintor. Y tampoco podemos prever la cantidad de combustible que se va a derramar ni cuánto espumógeno voy a consumir.

Lo que solemos hacer los bomberos es optimizar nuestros materiales, y tratar de que, con lo que llevamos; seamos capaces de abarcar el mayor número posible de situaciones. Cuando no se puede no se puede, pero nuestros vehículos son finitos y hay que ganar en operatividad todo lo que se pueda. 

¿Existe algún espumógeno así en nuestro mercado?

La respuesta corta es SÍ, se llaman ESPUMÓGENOS MULTIPROPÓSITO.

En la actualidad, distintos fabricantes ya disponen de espumógenos multipropósito sin flúor diseñados para cubrir un abanico de riesgos mucho más amplio que los productos tradicionales específicos. Existen formulaciones capaces de actuar como agentes humectantes en incendios de Clase A y, al mismo tiempo, ofrecer prestaciones certificadas frente a incendios de Clase B, tanto sobre hidrocarburos como sobre líquidos polares. 

Algunos de estos productos trabajan con distintas concentraciones según el tipo de combustible, de forma que un mismo espumógeno puede utilizarse a baja dosificación para mejorar la humectación y penetración en sólidos y a concentraciones superiores para generar espuma sobre líquidos inflamables. 

Además, existen formulaciones específicamente desarrolladas para su utilización con sistemas de dosificación automáticos y almacenamiento prolongado en depósitos, lo que permite plantear seriamente la posibilidad de llevar un único producto en el tanque de la autobomba, siempre que previamente se compruebe su compatibilidad con el vehículo, el dosificador y las condiciones reales de servicio.

Gracias por haberme acompañado en estas reflexiones.

Como os decía en otro artículo, no pretenden ser una verdad cerrada ni una solución definitiva, sino una aportación más desde la experiencia, desde el respeto a esta profesión y desde la convicción de que los servicios de bomberos necesitan seguir avanzando.

Si estos artículos sirven para abrir debate, ordenar ideas o ayudar a mirar nuestra organización con una perspectiva más técnica y más ambiciosa, ya habrán cumplido su objetivo.

Porque, al final, todo esto va de lo mismo: de proteger mejor a quienes protegemos y de cuidar también a quienes salen cada día a hacerlo posible.

¡La suerte de ser bombero no está en quién eres cuando llegas, sino en quién te conviertes por el camino!