La Unión Europea ha aprobado dos directivas que están llamadas a reforzar la continuidad y la resiliencia de los servicios esenciales: la Directiva NIS2, centrada en la seguridad de redes y sistemas de información, y la Directiva CER (Resiliencia de Entidades Críticas), orientada a garantizar que determinados servicios puedan seguir funcionando ante incidentes graves, crisis o amenazas complejas.
Aunque estas normas no regulan de forma directa la organización de los Servicios de Prevención y Extinción de Incendios y Salvamento (SPEIS), su futura aplicación en España puede tener consecuencias relevantes precisamente porque el servicio de bomberos ya tiene naturaleza jurídica de servicio esencial.
A comienzos de 2026, España no ha culminado todavía la transposición plena de las Directivas NIS2 y CER, aunque sí ha iniciado su desarrollo mediante anteproyectos y borradores legislativos en materia de gobernanza de la ciberseguridad y protección de entidades críticas. El plazo europeo de adaptación finalizó en octubre de 2024, por lo que el proceso se encuentra en una fase intermedia: existe diseño normativo avanzado y tramitación en curso, pero sin un marco jurídico estatal definitivo plenamente operativo. Esta situación implica que, mientras continúan los trabajos regulatorios y la presión de cumplimiento por parte de la Unión Europea, el sistema debe avanzar hacia la implantación efectiva de criterios comunes de resiliencia y continuidad de los servicios esenciales.
El punto de partida: un servicio obligatorio y esencial
La legislación básica de régimen local establece la obligación de los municipios, o de las entidades supramunicipales en las que deleguen, de garantizar la prestación del servicio de prevención y extinción de incendios. Esta obligación legal se refuerza con una consolidada jurisprudencia del Tribunal Supremo que califica estos servicios como esenciales por su vinculación directa con la protección de la vida, la seguridad y los bienes.
Además, gran parte de las leyes autonómicas de coordinación de los SPEIS refuerzan ese carácter esencial e incorporan la condición de agentes de la autoridad para sus integrantes en el ejercicio de sus funciones.
Este marco previo sitúa a los servicios de bomberos dentro del tipo de organizaciones cuya continuidad operativa resulta crítica para la sociedad, lo que los aproxima claramente al ámbito material que las directivas europeas pretenden proteger.
La exigencia de demostrar continuidad real del servicio
El cambio más relevante que introduce el nuevo marco europeo es la obligación de que los servicios considerados esenciales acrediten de forma objetiva que pueden seguir funcionando ante escenarios adversos.
Esto implica que las administraciones titulares de los SPEIS deberán desarrollar evaluaciones formales de riesgos que identifiquen:
amenazas que puedan comprometer la prestación del servicio
vulnerabilidades organizativas o operativas
impacto de la pérdida parcial de capacidad de intervención
Estas evaluaciones no pueden limitarse a riesgos tecnológicos. Deben contemplar también riesgos organizativos, de disponibilidad de recursos y de continuidad operativa.
En consecuencia, aspectos tradicionalmente definidos por inercia organizativa o condicionantes presupuestarios pueden pasar a requerir justificación técnica documentada, entre ellos:
la capacidad real de respuesta ante diferentes tipologías de emergencia
la cobertura territorial efectiva
la disponibilidad de personal operativo
la capacidad de mantener el servicio en situaciones de estrés prolongado
Planificación estructurada y continuidad operativa
Las directivas obligan a implantar medidas de resiliencia basadas en los riesgos identificados. En el ámbito de los SPEIS, esto se traduce previsiblemente en la necesidad de:
planes formales de continuidad del servicio
procedimientos documentados de gestión de crisis
sistemas de seguimiento y revisión periódica de capacidades
mecanismos de reporte de incidentes relevantes
La prestación del servicio deberá poder sostenerse incluso ante escenarios de degradación parcial de medios o incremento extraordinario de la demanda.
Este enfoque refuerza la transición desde modelos de gestión basados en la experiencia histórica hacia modelos basados en análisis estructurado de riesgos y capacidades.
Impacto en la planificación de recursos
Cuando una evaluación de riesgos identifique que la capacidad disponible no garantiza la continuidad del servicio esencial, la administración titular deberá adoptar medidas correctoras.
Estas medidas pueden implicar:
reorganización operativa
refuerzo de medios técnicos
mejora de infraestructuras
adecuación de recursos humanos
No se trata de una imposición directa de dimensionamiento, sino de una obligación de justificar que el servicio prestado es suficiente para mantener su funcionamiento en condiciones adversas. La consecuencia práctica es que el nivel de recursos deja de ser exclusivamente una decisión organizativa interna y pasa a estar sometido a un marco de verificación y supervisión.
Integración en estructuras de resiliencia a nivel estatal
La identificación de servicios esenciales exige mecanismos de coordinación entre administraciones para:
compartir información sobre riesgos relevantes
armonizar criterios de evaluación
integrar a los SPEIS en estrategias nacionales de resiliencia
Este proceso puede reforzar la interoperabilidad entre servicios de distintas comunidades autónomas, diputaciones y municipios, y consolidar estructuras comunes de planificación y supervisión.
Un impulso hacia una mayor profesionalización del sistema
La consideración efectiva de los SPEIS como parte del sistema de servicios esenciales introduce un cambio de enfoque: la capacidad operativa deberá ser medible, evaluable y demostrable.
Esto impulsa:
gestión basada en riesgo
planificación estratégica documentada
evaluación periódica de capacidades
integración plena en políticas de protección de infraestructuras y servicios críticos
El resultado previsible es una mayor exigencia técnica sobre las administraciones titulares y una consolidación del papel de los servicios de bomberos como elemento estructural de la resiliencia del sistema público de bomberos.