Bomberos – zapadores

La Constitución de 1812 decía así en su artículo 321: Estará a cargo de los ayuntamientos, auxiliar al alcalde en todo lo que pertenezca a la seguridad de las personas y bienes de los vecinos, y a la conservación del orden público. 

Estamos hablando de hace más de 200 años…

Hemos de saber que durante el S.XIX y parte del S.XX en España hubo una constante trama entre realistas, tradicionalistas, carlistas, liberales, constitucionalistas… es decir, entre aquellos que creían en el absolutismo de un rey, y aquellos otros que preferían un gobierno constitucionalmente representativo y que el rey se apartase o que incluso se transformase en una república y se prescindiese de esa figura simbólica ligada al catolicismo. Eso hizo que se sucedieran periodos de “pronunciamientos” en los que se imponía una u otra visión de la situación, digamos, por la fuerza de las armas. La cosa consistía en que en una plaza o región militar, algún general daba una especie de golpe rebelde y se posicionaba a favor de una u otra opción, y el resto del Ejército  se sumaba sistemáticamente a él. Aunque parezca ridículo, esos episodios fueron el pan de cada día durante más de un siglo; incluso lo que ocurrió en 1936 fue otro pronunciamiento; con la diferencia de que en este caso el pronunciamiento no tuvo el tradicional apoyo de todo el Ejército, sino sólo de una parte, generando un conflicto entre un bando y otro que desembocó en la Guerra Civil. De una forma u otra, las condiciones políticas de España sufrían tal inestabilidad que no se podía esperar el pleno desarrollo en apenas ningún sector, lo cual, por supuesto, nos incluía a los bomberos.

Volviendo al tema bomberil, tras la Constitución de 1812, y entre la segunda y tercera décadas del S.XIX la extinción de los incendios se atribuyó a las compañías de zapadores de las milicias locales, que estaban compuestas por grupos de voluntarios autoorganizados militarmente (se pagaban ellos incluso el uniforme). Estas compañías, dependiendo del momento del que hablemos se les añadía el sobrenombre de “Reales” o “Nacionales”, según el periodo político fuese absolutista o liberal, y eran incluso despedidos y privados de pensiones y condecoraciones en función de que hubieran servido en ella en uno u otro periodo. En consecuencia, las compañías podían quedar adscritas al Ejército en el primer caso, o a la Milicia Nacional en el segundo. Esta denominación coincide con la que se empleaba y todavía se emplea en Francia para referirse a los bomberos (Sapeurs-pompiers).

 

https://www.quimper.bzh

Los zapadores eran indistintamente conocidos como “bomberos-zapadores, como “zapadores” o simplemente como “bomberos” y también era común que se de denominara a la compañía como “Cuerpo o compañía de zapadores y bomberos“. En todos los casos hacían alusión al mismo servicio público; esto es, a un grupo de personas que acudían a los incendios y trataban de extinguirlos como buenamente podían con los medios que tenían, que eran bastante escasos. Básicamente su labor consistía en evitar la propagación en la medida de lo posible, retirando enseres, materiales o vegetación próxima, extinguiendo con bombas aspirantes-impelentes en el mejor de los casos, y llevando a cabo acciones de rescate que bien merecen la consideración de actos heroicos. Tengamos en cuenta que la esperanza de vida de la época no superaba los 40 años, y hasta mitad del S.XX pocos hombres superaban los 50 años de edad. Si además eras zapador, y estabas expuesto a los contaminantes de los incendios y a los riesgos del trabajo, todavía lo tenías más difícil. A comienzos del S.XX los bomberos ya eran conscientes de que llegar a la edad de jubilación era un reto para ellos, y así lo contaban en los pocos heraldos de la época que quedan. Como sabéis, en España no fue reconocido ese hecho hasta 2008. Y todavía en 2020, al margen de algún desarrollo autonómico, no existe ninguna normativa de nivel estatal que haya logrado regular las bases de esta profesión tan antigua en todos los territorios.

Retomando el hilo, ¿cómo se activaban los zapadores ante los incendios? Pues bien, los sacristanes tenían la obligación de tocar las campanas para dar aviso de los incendios. Cuando se trataba de una ciudad grande, con varias iglesias y catedral, cada parroquia debía de tocar con un número determinado de campanadas para indicar dónde se situaba el incendio, pero en la catedral normalmente se tocaba “arrebato”. Una vez dado el aviso e interpretado por los serenos, estos debían dar aviso a los zapadores de la ciudad.

Conforme fueron surgiendo las compañías de seguro, los cuerpos de zapadores de las milicias fueron quedando obsoletos, ya que los servicios de extinción de las aseguradoras contaban con más medios y financiación, así que su surgimiento ya supuso un primer varapalo para su continuidad. Más tarde, cuando los municipios fueron creciendo, se fueron creando servicios públicos de bomberos en aras de hacer extensivo el servicio a toda la población, no sólo a aquellos que pudieran costearse un seguro o una mutua. Y en esa segunda etapa ya se aceleró su declive hasta su desaparición definitiva. Muchos municipios comenzaron prestando el servicio mediante bomberos-zapadores que acudían a los incendios, dejando sus empleos habituales cuando eran avisados, y que cobraban una gratificación por ello. Paulatinamente fueron completando las plantillas con personal a tiempo completo hasta llegar a la total profesionalización a mediados del S.XX.

Los enfrentamientos entre bomberos-zapadores de las milicias y los bomberos privados de las compañías de seguros fue una constante en muchas ciudades de España. En muchas ciudades se solapaban los avisos de las campanadas y serenos con las de las aseguradoras, de forma que, en ausencia total de protocolos, en las intervenciones surgieron no pocos conflictos.

En cuanto al personal, las compañías de voluntarios zapadores contaban con tres oficios principales: albañiles, carpinteros y fontaneros. No obstante, se admitían de buen agrado a herreros, cerrajeros y muleros (ya que las mulas y caballos eran imprescindibles para el trabajo).

http://guy.joly1.free.fr/metiers_anciens_oublies_disparus.html

Algunos zapadores fueron asimilados en parte hacia personal de las aseguradoras; salvando escollos de la manifiesta politización de muchos de los zapadores; especialmente si eran contrarias a las de los dueños de las aseguradoras o sus jefes. Más tarde, en los cuerpos de bomberos municipales ocurrió algo similar: algunos zapadores y bomberos privados fueron asimilados, pero empezaron a ser seleccionados de entre aquellos que contaban con ciertos conocimientos técnicos, sobre todo manejo de las bombas y otros equipos y oficios, además de saber leer y escribir en puestos de mayor nivel, profesionalizando en cierta manera el “oficio” a partir de ahí.

A partir de 1835 fue acelerándose el declive de los zapadores como compañías diferenciadas, para acabar desapareciendo en pro del desarrollo de los cuerpos de bomberos municipales.

No obstante, incluso habiendo desaparecido hacía mucho, hasta bien entrada la segunda mitad del S.XX ha sido frecuente encontrar la denominación de “bombero-zapador” como categoría básica en muchos cuerpos de bomberos municipales, así como la predilección por los oficios a la hora de seleccionar el personal.

Todavía tengo compañeros en activo que cuando entraron en los ochenta (por ejemplo, en el Ayto. de Elche) , en sus nóminas venía reflejada su categoría como “bombero-zapador”, cosa que recuerdan con cierta nostalgia y emoción por el trasfondo histórico que tiene para esta profesión…

Por separado somos invisibles, juntos somos invencibles

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