Resiliencia y salud mental en bomberos

SALUD MENTAL EN BOMBEROS

Hace unos 7 años que publiqué mi primer artículo sobre resiliencia (la resiliencia como mediador entre el apoyo social emocional y la salud mental de los bomberos). En aquellos momentos había poca bibliografía al respecto, sin embargo, el concepto de resiliencia ha ido cobrando fuerza en el ámbito de la emergencia, y a día de hoy contamos con un número suficiente de trabajos que indican; sin lugar a dudas, que este constructo psicológico tiene una especial relevancia en nuestro ámbito profesional.

Uno de los estudios que mayor impacto ha tenido entre emergencistas en los EEUU es el de Harris Poll en 2017, con más de 2.000 sujetos, entre ellos bomberos, policías y sanitarios de ambulancias. El abstract del estudio viene a concluir lo siguiente:

– La mayoría de los trabajadores de emergencias encuestados han experimentado problemas de salud mental.

– El 34% ha sido diagnosticado de algún trastorno de salud mental.

– 27% fueron diagnosticados de depresión.

– 10% fue diagnosticado de Trastorno de estrés postraumático (TEP) – La tasa en la población general no supera el 3,5%.

En otro estudio llevado a cabo con 1.027 bomberos (Stanley, 2015), encontró que el 46,8% de ellos tenían ideación suicida. El 19,2% había urgido planes de suicidio; el 15,5% lo había llegado a intentar y el 16,4% se había autolesionado. Cifras que son más del doble que las de la población general.

Una de las razones que parece explicar este aumento de incidencia entre este personal resulta ser la aparición de sintomatología postraumática mucho después de haberse sometido al evento traumático; es decir, que cuando nos enfrentamos a situaciones con una gran carga emocional y no llevamos a cabo una buena gestión de esas emociones,  la resiliencia no se construye con solidez, y en lugar de crear estructuras mentales de soporte y resistencia, lo que viene a ocurrir es algo similar a una herida que no acaba de cerrarse y que, en cada exposición a situaciones de alta carga emocional, esa herida se abre una y otra vez, y eso nos acaba debilitando, haciéndonos cada vez más vulnerables a esas experiencias traumáticas, en lugar de hacer lo contrario.

RESILIENCIA

Pero de qué estamos hablando…¿qué es la resiliencia?

En lugar de expresarlo en términos científicos me gustaría hacerlo en términos más cercanos a nosotros; por ejemplo, mediante el entrenamiento físico:

Cuando nosotros entrenamos en el gym lo que estamos haciendo es provocar pequeñas microlesiones musculares. Nuestro cuerpo, en previsión de que la actividad que ha dado lugar a esas microlesiones se vuelva a producir, reacciona reforzando esas estructuras musculares, creando un mayor número de fibras y engrosando las existentes, de manera que nuestros músculos, debido precisamente a que se han lesionado afrontando situaciones en principio “traumáticas” para ellos, eso es  precisamente lo que  les hace ser cada vez más grandes y fuertes. Nuestro cuerpo prevé así su adaptación a un entorno imprevisible o que pueda estar sometido a cambios que requieran que llevemos a cabo acciones con distintos niveles de demanda psicofísica según en el entorno donde nos encontremos.

Pues bien, nuestras estructuras cerebrales, cuando se ven sometidas a situaciones que se encuentran “borderline” con su capacidad emocional, readaptan el sistema integrando esas experiencias modificando creencias, expectativas, valores, conocimientos, niveles de respuesta fisiológica ante determinadas escenas (ver sangre o amputaciones, por ejemplo), etc. Esos cambios, en su conjunto, hacen que las experiencias traumáticas que vivimos provoquen un refuerzo de nuestro sistema de respuesta emocional, favoreciendo nuestra adaptación psicológica a un medio que, en ocasiones, puede resultar tan hostil como pudiera ser un campo de batalla, un gran incendio con víctimas, atentados, grandes catástrofes, muertes de seres cercanos a nosotros…

Quisiera dejar claro que el concepto de “resiliencia” se refiere a un PROCESO, no pudiendo ser reducido a un momento concreto de nuestra experiencia vital, ni a un hecho puntual de nuestra carrera profesional. La resiliencia es un proceso, que puede avanzar en un sentido positivo, pero también retroceder y que se verá influido no sólo por la situación que vemos ante nosotros, sino también por el momento en el que nos encontremos, lo que nos esté ocurriendo en esos momentos en casa, en el parque, el contexto en el que ha ocurrido la catástrofe, etc. Pero sobre todo quisiera referirme a un aspecto absolutamente determinante en el efecto que va a tener todo ello para poner en marcha y MODULAR el proceso resiliente: EL APOYO SOCIAL QUE TENGAMOS.

Tras interesarme por este asunto, e incluso; como habéis visto al principio de este artículo, hacer un estudio por mí mismo, he llegado a la firme convicción de que el factor protector más importante; el arma más poderosa que tenemos para defender nuestra salud mental frente a la adversidad, favoreciendo la buena marcha de ese proceso de resiliencia natural, es dar y recibir apoyo emocional por parte de otras personas, ya sean familiares, amigos, compañeros de trabajo e incluso si se trata de algo puntual procedente de auténticos desconocidos.

TRABAJANDO LA RESILIENCIA

Los estudios describen 7 variables que pueden favorecer el mecanismo de la resiliencia:

  1.  Planifica, establece metas y ten la tenacidad suficiente para alcanzarlas. Afronta la pereza, no te pases la vida haciendo planes, comenzando cosas y abandonándolas a la primera de cambio. En otras palabras, combate la procrastinación…
  2. Regula tus emociones. Intenta hacer un ejercicio de introspección emocional y modera tu respuesta ante las cosas que suceden en tu vida diaria. No te dejes llevar por ellas, sé racional…
  3. Aprende técnicas de resolución de problemas…no vayas por la vida sin haber trabajado, aunque sólo sea un mínimo, este asunto.
  4. Asegúrate de dormir 7 u 8 h diarias. El cerebro necesita reorganizar la información y librarse de muchas sustancias de desecho acumuladas durante la jornada; y eso lleva su tiempo…
  5.  Lleva una alimentación sana, baja en azúcares refinados e hidratos de carbono de alto índice glucémico. Completa tu menú semanal con fruta, verdura, frutos secos, carne y pescado (que es de lo que se ha alimentado el ser humano desde hace milenios, no de azúcares rápidos y cereales).
  6. Haz ejercicio de forma moderada, gana y mantén la fuerza y resistencia de forma lenta y segura; evita el sobreesfuerzo.
  7. Y la más importante: Establece una red de apoyo social; relaciónate con otros, no pierdas oportunidad de ofrecer apoyo emocional, de ayudar y de mantener relaciones de respeto mutuo con una red de personas, compañeros de trabajo y familiares.  Es muchísimo más importante para la salud mental de lo que pudiera parecernos…

¿Alguna vez has visto una película en la TV que podías haber visto cualquier otro día online o en un pendrive y te has preguntado qué haces viendo una peli que si no la diesen en directo no la estarías viendo?

La ves porque eres un ser social, y sabes que la estás viendo en comunidad. Esa experiencia social es la que modula tus emociones respecto a esa película, en ese momento, y te hace estar más pegado a la televisión que si se tratase de una experiencia siendo consciente de que es en solitario.

No es cierto que la mayoría de personas sean poco de fiar. Muy al contrario, el 99% de las personas que nos rodean son buenas personas. Hay que desmontar ese y otros mantras que están lastrando cómo interactuamos con el prójimo; cada día con mayor individualismo y sometidos a una autoburbuja digital en la que vivir seguros al margen del daño que pudiera hacernos la presencia física del prójimo. Si fuese cierto que la mayoría de personas somos detestables, el mundo sería muchísimo peor todavía. Lo único que nos salva es la supervivencia de esa cualidad que nos caracteriza a la que, curiosamente, nos gusta llamar “humanidad”.

Ojalá el mundo evolucione hacia la cooperación entre seres humanos. Debemos dejar de endiosar a la famosa “competitividad”, que tan sólo nos ha traído desgracias. En la I y II GM no es verdad que se evolucionase tecnológicamente debido a la competitividad entre naciones. Eso es una enorme falsedad. El avance tecnológico que podemos encuadrar en el marco temporal de esas guerras se debe precisamente a que los seres humanos se ven obligados a cooperar si quieren sobrevivir.

En el campo que a nosotros nos afecta, esto es, en el de los cuerpos de bomberos, ocurre algo similar…

¡Por separado somos invisibles, juntos somos invencibles!

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