Carla

Hace tiempo que pude conocer la historia de Carla Díaz, una niña de Gijón que sufrió un insoportable calvario de acoso y derribo por parte de otras niñas y niños de su mismo instituto, y que finalmente acabó en tragedia.

En vista de que no parecía haber forma de que aquello acabase, sin que autoridades ni profesores pudieran hacer nada por proteger a una niña acosada por otros alumnos hasta límites peligrosísimos dada su edad y vulnerabilidad emocional, al final, tal fue su aislamiento social e indefensión que decidió acabar con su vida saltando al mar.

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Me viene a la mente una y otra vez, y no logro entender cómo es posible que no exista mecanismo que de manera eficaz acabe de una vez por todas con esta lacra del acoso escolar de forma contundente. Los adolescentes son prácticamente impunes, y los profesores y víctimas de sus ocurrencias, complejos y objetivos de diversión, se encuentran indefensos por mucho que se les llene la boca a los políticos inmovilistas sobre una cuestión sobradamente demostrada que hace aguas y necesita revisarse.

Hemos de darnos cuenta que se trata de un problema multifactorial que hay que abordar con la mayor seriedad y celeridad posibles. Y si se detecta el problema y se identifica al acosador, yo pediría encarecidamente a las autoridades que pudieran en marcha mecanismos para proteger eficazmente A LAS VÍCTIMAS, y EXPULSEN, sin remordimiento alguno, a los acosadores y les den la cobertura educativa que por ley les corresponda, pero lejos de la víctima. Y si no les gusta que se lo hubieran pensado dos veces.

Estoy en desacuerdo absolutamente  con la obligatoriedad de la ESO, y que los profesores y víctimas tengan que sufrir la presencia de seres inmundos que ni quieren estudiar, ni dejan estudiar a los que quieren, ni dejan dar clase a los profesores, ni aportan absolutamente nada al instituto, y mucho menos si el alumno se dedica a acosar a otros alumnos. Es necesario aplicar un criterio coherente con la realidad y dejarse de inventos que sólo funcionan sobre el papel. Hay que cambiar el modelo y expulsar de los institutos a aquellos que se lo merezcan, PUNTO. 

Después que se implementen mecanismos de reinserción si hay VOLUNTAD, pero hay que agilizar el mecanismo de expulsión y acabar con la obligatoriedad de la ESO. Y lo siento si alguien se ofende por lo que estoy diciendo, pero así no podemos seguir.


A menudo pienso en lo que Carla tuvo que sufrir y, la verdad, me sobrecoge una enorme tristeza, y no paro de preguntarme si los bomberos podemos hacer algo en este asunto del acoso escolar…qué hacer, cómo ayudar desde los cuerpos de bomberos. Quizá entre todos podamos encontrar la forma de introducir alguna función en nuestro servicio público.

No hay humo, no hay fuego, pero se puede quemar una vida si no hacemos nada

Aunque no tuve la oportunidad de conocerla, la pienso tener bien presente, y siempre me rondará la extraña  sensación de no haber hecho nada por ella. Es más, creo que la sociedad es ajena a este problema y solo se acuerda cuando le toca a uno de cerca. Qué triste…

Hace unos días se suicidó otro adolescente en Euskadi por los mismos motivos que Carla.

Y es que estamos cultivando el YO en el bancal del NOSOTROS, y por mucho que queramos, somos seres sociales y necesitamos relacionarnos y recibir feedback de los demás; sobre todo en la adolescencia. Y educar a nuestros hijos en el respeto, y ser contundentes e intolerantes con las faltas de respeto a los demás.

Si se cultivara la solidaridad (en lugar de la competitividad) y se dedicasen los primeros años de educación en asimilar valores cívicos exclusivamente, y una vez afianzados, comenzar integrando los contenidos académicos…

Al menos, si fuésemos absolutamente intolerantes y contundentes con el acoso escolar, y con la falta de respeto a los demás, quizá yo albergaría alguna esperanza, pero por el camino que llevamos, en el sendero del yoismo cultural, el cultivo de la superficialidad consumista, el postureo y juzgar al prójimo por cosas tan banales como el color de su piel, su orientación sexual, sus problemas de salud…y para postre, mantener a acosadores y gamberros en el sistema educativo a la fuerza, conmigo que no cuenten para reírle las gracias a nadie y seguirle el juego.  Cada vez que tenga oportunidad mostraré mi desacuerdo y mi desprecio.

Puedo ser empático hasta extremos siderales, sobre todo con aquellos que se encuentran en situaciones desfavorecidas o vulnerables. Pero también implacable e intolerante con aquellos que no tienen escrúpulos y no sienten respeto por los demás.

Qué le vamos a hacer si soy así de raro…


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Una Respuesta a Carla

  1. George Potter dijo:

    Desgraciadamente muchos jóvenes sienten “la necesidad” de acosar e indimidir a compañeros más débiles. Como dices, son necesarios mecanismos, recursos y sobre todo voluntad para identificar, reconocer y corregir el acoso.

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